Opinión: Sobre la gestión y tratamiento actual de relaves

20 · marzo · 2017

Columna de Marcelo Rojas, docente del Departamento de Mecánica, Universidad Técnica Federico Santa María, Viña del Mar.

Los tranques de relaves son un mal necesario para la producción minera en Chile y el mundo. Esto, principalmente, porque están asociados a la baja continua de reservas minerales, especialmente del preciado cobre en nuestro país. Este metal se puede extraer desde dos tipos de minerales, que son los óxidos y los sulfuros de cobre, siendo estos últimos su principal fuente.

En los depósitos de relaves, lo que se desecha es llamado estéril, no obstante, por bajo porcentaje que tenga, contiene elementos altamente perjudiciales para la salud de las personas y el medio ambiente: los llamados metales pesados, tales como el cobre (Cu), mercurio (Hg), arsénico (As), plomo (Pb), aluminio (Al), entre otros.

La legislación vigente respecto a los tranques de relaves es estricta, pues no se puede emplazar uno en cualquier lugar, y además hay que tomar medidas previas para que éstos no vayan a contaminar predios agrícolas, comunidades cercanas o napas subterráneas.

El principal problema radica en que antes de la Ley 19.300, sobre Bases Generales del Medio Ambiente, y la Ley 20.551, que regula el cierre de faenas e instalaciones mineras (entrada en vigencia en 2012), no había mayores regulaciones y trabas para crear un tranque o depósito de relaves, lo que se traduce en que en Chile hay cerca de 300 tranques de relaves abandonados, situación  que claramente representa un riesgo e impacto en las comunidades y el medio ambiente.

“En Chile hay cerca de 300 tranques de relaves abandonados, situación  que claramente representa un riesgo e impacto en las comunidades y el medio ambiente”.

La mayoría de éstos se concentran en las Regiones de Coquimbo y Atacama, sin embargo, estas leyes no son retroactivas, por lo tanto, las mineras que los produjeron no tienen ninguna obligación al respecto.

Es aquí donde el Estado debe hacerse parte, ya que está garantizado constitucionalmente el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación y, en este sentido, debe velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza. Para ello, es imperativo el aporte de privados y el trabajo conjunto entre todas las partes involucradas.

 Actualmente existen tecnologías que permiten obtener relaves en pasta de mucho menor volumen, además de aprovechar de mejor manera el escaso recurso hídrico. Pero estos nuevos métodos requieren una mayor inversión por parte de las empresas, de ahí la necesidad de que se tome conciencia del beneficio que estas tienen en el largo plazo, para las generaciones que vendrán.

El año recién pasado hubo varios derrames de relaves e incluso de concentrado por rotura de los mineroductos. Frente a estas situaciones la responsabilidad de las empresas mineras es clave, ya que existen las tecnologías para que al haber una rotura de un ducto se pueda cortar de forma inmediata el derrame, tales como detectores de cambio de caudal, o de presión en los ductos, junto con señales de corte.

Sin embargo, pareciera ser que las mineras prefieren pagar las multas que invertir en tecnologías que ayuden a minimizar los impactos al medio ambiente y las comunidades. Quizá una alternativa sería cambiar estos ductos por unos más flexibles, como los son algunos polímeros de alta resistencia.

El tema clave es tener sensores a lo largo de los mineroductos para comunicar de inmediato el cierre del flujo en caso de ruptura para su pronta reparación. Además, estos generalmente se rompen por estar expuestos a caídas de material rocoso, para lo cual existen alternativas para protegerlos, tales como mallas de protección o muros de hormigón armado.

Es necesario también, que el Estado tome parte con una mayor fiscalización  y mayores multas ante estos incidentes. Por otro lado, los privados deben participar de forma enérgica para solucionar el tema de los tranques abandonados a su suerte: existen alternativas no tan costosas y amigables con el medio ambiente, tales como la fitoestabilización, que permite, a través, de la flora nativa y resistente a los metales pesados, estabilizar físicamente los contaminantes superficiales de estos depósitos, de tal manera, que estos metales pesados y el sílice, no viajen con la ayuda del viento o la lluvia, a otros sectores, junto con ayudar a la formación de suelos para la futura flora y fauna de la región.

Es así como suman y siguen los desafíos respecto a los depósitos de relaves; un proceso de la minería en el que sin lugar a dudas se debe trabajar.

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