Opinión: Ruido ocupacional, efectos y estrategias de control en Chile

13 · julio · 2017

Profesor Enrique Calderón Carmona, Docente del Departamento de Construcción y Prevención de Riesgos de la USM. Jefe de Carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos Laborales y Ambientales de la USM.

En Chile, la hipoacusia o sordera ocupacional, se ha posicionado como una de las enfermedades con causa laboral más importante del último tiempo, por cuanto, según la Sociedad Chilena de Otorrinolaringología, el 30% de los trabajadores está expuesto a niveles de ruido que pueden provocarles daños auditivos irreparables.

Por otro lado, según estudios relacionados con las enfermedades profesionales realizado por la SEREMI de Salud RM, la sordera ocupacional es la enfermedad de carácter laboral con mayor prevalencia (más del 65%). De hecho, según el Sistema Automatizado de Información en Salud Ocupacional (SAISO) del Instituto de Salud Pública, entre 1997 y 2000, el primer lugar de los diagnósticos de ingreso correspondía a las enfermedades del oído (38%). Mientras que la Superintendencia de Seguridad Social indica que la hipoacusia es la principal causa de indemnizaciones y pensiones, con un 80 % de las incapacidades permanentes.

Con respecto a sus efectos en la salud, estas son de múltiples tipos, que van desde la disminución de la capacidad auditiva, pasando por estrés, irritabilidad, ansiedad, hipertensión e incluso agravar enfermedades cardiovasculares. En esta línea, la Agencia Federal Alemana de Medio Ambiente, el 2002 demostró que la exposición a niveles de ruido sobre los 65 dB puede aumentar en un corto plazo, hasta en un 20% los ataques cardíacos. Además, el ruido es frecuentemente el causante de accidentes graves y fatales por distracción de trabajadores que desempeñan labores de alto riesgo.

Durante la exposición en procesos industriales, debido a la capacidad de adaptación del ser humano, es común que la persona no sea capaz de percibir la transgresión de sus límites de resistencia auditiva, provocando un daño, de forma paradójicamente silenciosa, creciente y acumulativa, según el tiempo y los niveles de ruido a los que se ve expuesto.

Disposición chilena

En Chile, el D.S. N° 594/00, del MINSAL, establece que la exposición ocupacional a ruido debe ser controlada de modo que para una jornada de 8 horas diarias, ningún trabajador pueda estar expuesto a un nivel de presión sonora continuo equivalente a 85 dB, medidos en la posición del oído del trabajador, estando el empleador obligado a tomar todas las medidas necesarias para mantener el nivel de ruido dentro de los rangos permisibles y proteger así eficazmente la vida y salud de los trabajadores, como lo dispone el artículo 184 del Código del Trabajo.

Desde fines de 2011, Chile cuenta con el “Protocolo de Exposición Ocupacional a Ruido” (PREXOR), el cual estandariza los procedimientos para prevenir y evaluar los daños en la salud auditiva de los trabajadores, al indicar cuándo es necesario que un trabajador ingrese a un programa de vigilancia de salud y estableciendo también criterios de acción. Desde la perspectiva de la Vigilancia de Salud, el Protocolo, indica cuatro etapas: la “Evaluación auditiva“ donde se realizan audiometrías a los trabajadores, seguimiento, confirmación y egreso, permitiendo además evaluar los resultados de las medidas de control de ruido implementadas; como segundo paso, se debe completar la “Ficha epidemiológica”, que está relacionada a los datos, identificación del trabajador y antecedentes como enfermedades que puedan sumarse a una eventual hipoacusia laboral; en una tercera etapa, se debe contar con un “Historial Ocupacional” que permita hacer el cruce causa-efecto, convirtiéndose en un procedimiento necesario antes de la siguiente etapa; finalmente el último paso es la “Evaluación médica”, etapa se realiza el diagnóstico de Hipoacusia laboral y se trata al trabajador.

En cuanto a la reducción del ruido laboral, se recomienda en primer término evaluar los riesgos, lo que dependerá del ámbito y magnitud del problema en el lugar de trabajo, por ejemplo, las formas en que el ruido puede aumentar el riesgo de sufrir un accidente en una fábrica junto al riesgo de pérdida de audición. En segundo lugar, para la adopción de medidas de prevención y control, pueden seguirse diferentes criterios, como la eliminación de las fuentes del ruido, considerando al planificar nuevos equipos o lugares de trabajo, esto permite fomentar la adquisición de maquinaria productiva menos ruidosa para la reducción del ruido, ya sea en su origen o en su trayectoria se utilizan diversos controles de ingeniería, como el aislamiento en la fuente por medio de la localización, confinación del trabajador o amortiguación de las vibraciones mediante muelles neumáticos, la implementación de una pared o techo que absorba sonidos, o bien empleando métodos de trabajo que requieran una menor exposición al ruido.

En cuanto a los equipos de protección personal, como los tapones para los oídos u orejeras, deben utilizarse siempre como último recurso, una vez agotados todos los esfuerzos para eliminar o reducir el ruido en su origen y trayectoria. Para ello hay que:

  1. Asegurarse de que los EPP auditivos son adecuados para el tipo y la duración del ruido; y que sean compatibles con otros EPP, como orejeras compatibles con cascos y antiparras;
  2. Debe elegirse EPP cómodos para los trabajadores;
  3. Deben ser almacenados y mantenidos adecuadamente;
  4. Debe impartirse formación acerca de su necesidad, la forma de uso y modo de almacenamiento y mantenimiento.

En último término, pero no menos importante, los trabajadores deben recibir información y formación que les permita comprender y afrontar los riesgos relacionados con el ruido. Esta información y formación debe abarcar los riesgos existentes, así como las medidas adoptadas para eliminarlos o reducirlos; los resultados de la evaluación de riesgos y de las mediciones de los niveles de ruido, así como una explicación de su importancia; las medidas de control de ruido y de protección incluyendo los EPP. Así como también, las razones por las que se deben detectar y notificar los indicios de haber sufrido daños auditivos previos.

 

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